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Plásticos: ¿Cuál es el problema y cómo lo resolvemos?

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  • NO al plástico.
  • Prohibamos el plástico.
  • Deberíamos eliminar el plástico.

Estas frases rondan en los entornos de quienes queremos promover sistemas y estilos de vida sostenibles. El plástico se ha convertido en el cuco; y derrotarlo, en la lucha de los ambientalistas más determinados. Para otros menos determinados, pero que igual quieren aportar, sustituir las bolsas plásticas es una «aspirina» ambiental, para así creer que estamos contribuyendo.

Al mismo tiempo, sentimos que por más que intentamos evitarlo, el plástico es cada vez más omnipresente. En nuestros empaques, celulares, laptops, ropa (en forma de poliester), muebles, autos, juguetes, bebidas y, cada vez más, nuestros almuerzos (cubiertos, bandejas, vasos), especialmente cuando pedimos a domicilio.

¿Qué hacer ante este tsunami plástico que invade nuestras vidas? ¿Es realmente tan malo el plástico cómo dicen? ¿Cuál es realmente el problema y cómo podríamos resolverlo?

En este artículo buscamos ir un poco más allá de la superficie para ensayar algunas respuestas a estas preguntas. Como suele ser con los problemas ambientales que requieren de una mirada sistémica en un mundo complejo, estas respuestas no siempre son sencillas, blanco y negro, bueno o malo.

Antes de entrar en materia, es importante recalcar que en sinba no somos expertos en plásticos, y que este artículo busca abrir la conversación, más que atinar todas las respuestas. Si desean contribuir a la conversación, por favor envíennos sus comentarios, ¡siempre estamos contentos de seguir aprendiendo! 

¿Cuál es el problema del plástico?

El plástico es un material formidable en muchos sentidos. Es un material que puede ser rígido o flexible, teñirse de cualquier color, es ligero, barato, moldeable, resistente e impermeable. Además es sumamente duradero, ya que no se biodegrada en condiciones normales. Esta característica tan importante también es una de sus mayores debilidades, pero ya llegaremos a eso.

Para entender el problema del plástico es importante responder tres preguntas:

  • ¿De dónde viene y qué recursos son necesarios para su producción?
  • ¿Cómo se usa actualmente?
  • ¿Qué pasa luego de que lo usamos?

¿De dónde viene y qué recursos son necesarios para su producción?

El primer problema del plástico, es que la mayoría se obtiene de recursos no renovables, específicamente petróleo y gas, cuya extracción representa un costo ambiental enorme. También existen plásticos producidos a partir de materia vegetal, llamados bioplásticos, pero aún representan una fracción muy pequeña de la producción total. 

El plástico se obtiene a través de un proceso de refinación del hidrocarburo, que pasa por un proceso de polimerización, es decir un proceso de presión y temperatura que causa una reacción química para formar cadenas de moléculas llamadas polímeros.

Luego, estos polímeros se procesan para obtener las características deseadas y así conseguir una variedad enorme de tipos de plásticos. Si bien en la nomenclatura del reciclaje solemos identificar 7 tipos, donde el PET (tereftalato de polietileno) es el número  1, el PEAD (Polietileno de Alta Densidad) el número 2, y así sucesivamente, en realidad cada uno de estos números representa una “familia” de plásticos, no un solo tipo. 

Entonces, el primer problema es: el plástico viene primordialmente de un recurso no renovable, los hidrocarburos, con un alto costo ambiental para su extracción.

Ahora, ¿qué tan contaminante es el proceso de producción de los productos plásticos en sí?

Aquí la cosa no es tan evidente. Muchas de las bolsas plásticas hoy son reemplazadas por bolsas de papel. Un estudio del 2007 (financiado por la industria plástica, debo decir) encontró que se necesita casi cuatro veces más energía para fabricar una bolsa de papel que una bolsa de plástico. La fabricación de bolsas de papel utiliza 20 veces más agua que el plástico y el papel requiere más energía para ser reciclado. 

Aquí un argumento a favor del papel sería que la materia prima del papel (celulosa) viene de una fuente renovable (plantas) y que, dependiendo del tipo de producción, podría tener incluso impactos ambientales positivos, por ejemplo si viene de bosques reforestados. Otro argumento a favor del papel podría ser que, de ser desechado al ambiente, se biodegrada y no deja residuos. Como decíamos al inicio, es complejo.

¿Cómo se usa actualmente?

El segundo problema del plástico es que, considerando todas las características maravillosas y la longevidad del material, hemos hecho de él un material en gran medida de «un solo uso». Se estima que el 40% del plástico producido es destinado a artículos de un solo uso, como bolsas, cubiertos, platos, vasos, empaques, botellas. 

Siguiendo con el ejemplo de las bolsas de plástico, estas se utilizan en promedio por solo 12 minutos antes de ser desechadas. Sin embargo, tienen una vida potencial de cientos de años, en los que podrían reutilizarse miles de veces.

Si consideramos que globalmente se producen unas 380 millones de toneladas de plástico virgen cada año, esto significa que 150 millones de toneladas son producidas para un uso increíblemente corto. Volviendo a las bolsas, se usan 4 billones (un 4 con 12 ceros) de ellas cada año, o en promedio 500 bolsas por cada habitante del planeta. De estas, menos del 1% son recicladas.

Estas cifras nos obligan a repensar cómo estamos usando este versátil material, y tomar acción desde nuestra perspectiva de usuarios (nota aparte: no usamos la palabra “consumidores” a propósito, ya que este material, como acabamos de establecer, no se “consume” luego del uso).

¿Qué pasa luego de que lo usamos?

Aquí probablemente se encuentra la parte más compleja de este problema: el fin del ciclo de vida de los productos plásticos. 

Siendo el plástico un material que, en teoría, podría ser reciclado muchas veces, se estima que globalmente sólo entre el 14% de plástico se recicla globalmente. Esto significa que el 86% NO se recicla. De esta fracción, el 38% ni siquiera llega a un sistema de gestión de residuos formal como un relleno sanitario o un incinerador, sino que termina regado en el ambiente y contamina suelos, ríos y océanos.

Nuevamente poniendo esto en perspectiva, son 57 millones de toneladas de plásticos al año que terminan directamente en la naturaleza. En los ecosistemas, los plásticos empiezan un lento proceso de descomposición, pero primero se parten en partículas pequeñas también llamadas microplásticos. Estas partículas se han esparcido de tal manera por todo el planeta que hoy se las ve en lugares remotos como la Antártida e incluso se han encontrado en la sangre de las personas.

¿Por qué siendo el plástico un material tan interesante y duradero, se recicla tan poco? 

Existen varios motivos. Primero, que al ser un material ligero, no representa un gran valor de reciclaje (el mundo del reciclaje se mueve por toneladas). Segundo, que al existir una enorme diversidad de tipos de plásticos, cada tipo requiere una tecnología distinta para su reaprovechamiento, creando un reto técnico grande para las industrias de reciclaje. Tercero, que mucho del plástico se encuentra sucio con grasas y alimentos, lo cual para limpiarlo complejiza mucho los procesos a nivel técnico y, por ende, encarece los procesos de reciclaje. 

Todo esto genera que hoy para las empresas fabricantes de plásticos muchas veces sea más barato (y más fácil) seguir comprando plástico virgen, generando así un ciclo vicioso, ya que si no existe demanda de plástico reciclado, no mejoran los precios. Y si no mejoran los precios, no se genera el incentivo para reciclar.

En resumen, el problema del plástico es que viene de recursos no renovables con alto impacto ambiental en su producción, que lo usamos por demasiado poco tiempo considerando su potencial y que la gran mayoría del plástico que desechamos no se recicla y por lo tanto termina en vertederos, incinerado o peor, directamente en el ambiente.

¿Cómo podríamos resolverlo?

Resolver la problemática del plástico requerirá atender los tres problemas que hemos identificado. Existen iniciativas como «New Plastics Economy», una alianza global encabezada por la Fundación Ellen Macarthur que está justamente trabajando por cambiar la realidad descrita, que ya están ensayando muchas de estas soluciones. Aquí planteamos cuatro grandes líneas de soluciones, que debemos activar en paralelo.

1. Rediseño de productos: 

  • Se deben acordar estándares de mercado para limitar los tipos de plástico que se usan en empaques y embalajes comunes para hacer más factible su reprocesamiento, además de eliminar tintes, pegamentos, etiquetas y otros aspectos que dificultan los procesos de reciclado. Esto se podría validar mediante un sistema de tipo “los octógonos del reciclaje” para señalar al comprador si un empaque es o no es reciclable.
  • Se debe analizar profundamente el diseño de los empaques y los procesos de embalaje para eliminar el uso de materiales innecesarios. Las empresas de agua embotellada hace unos años rediseñaron las botellas y lograron reducir en 15-30% la cantidad de plástico usado. Además, ya basta de múltiples bolsas y de entregar todos los productos forrados en plástico.

2. Materias primas sostenibles:

  • Realizar una transición a la producción de plásticos biobasados, es decir producidos a partir de materiales renovables como plantas, algas o bacterias. No nos referimos solo a plásticos compostables, sino también bioplásticos duraderos y reciclables que puedan replicar todos los atributos del plástico derivado de hidrocarburos.
  • Empresas de consumo masivo deben incorporar el uso de plásticos reciclados y trazarse metas ambiciosas para eliminar en la mayor medida posible el uso de plástico virgen en sus empaques y embalajes.

3. Nuevos modelos de uso:

  • Urge eliminar el uso de plásticos descartables de un solo uso en la medida de lo posible, tanto como empresas como personas. Lleva tu bolsa, rechaza la cañita y los cubiertos descartables, lleva tu táper cuando pides para llevar, aquí hay mucho que podemos hacer en el día a día.
  • Implementar sistemas de reutilización con productos duraderos como botellas retornables. Están surgiendo modelos interesantes en torno a esta propuesta como Algramo en Chile o Loop en los EE.UU.

4. Fin del ciclo de vida:

  • Asegurar que todos los plásticos que lleguen al mercado sean 100% reutilizables, reciclables o compostables, en ese orden de prioridad.
  • Asegurar que ningún plástico termine en el ambiente y que el 100% del plástico que ingresa al mercado sea efectivamente reutilizado, reciclado o compostado.

Lamentablemente, aún estamos lejos de lograr mucho de estos puntos. Es más, si le preguntamos a las petroleras, no parecerían ver un problema sino una oportunidad de “valor agregado” para seguir extrayendo hidrocarburos, visto que estas están invirtiendo alrededor de $40 mil millones cada año en expandir su capacidad de producción de plásticos vírgenes (no reciclados)

Seguir inyectando más plástico virgen barato solo empeorará el récord ambiental del plástico. El cambio no puede llegar de las mismas ideas que nos metieron en el problema. La economía circular de los plásticos llegará de la mano de personas, empresas, gobiernos que enfrentan este reto de manera decisiva, innovadora, contundente y sistémica.

 

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